DE PAREJA A PADRES

A veces las matemáticas no son exactas: pasar de pareja a padres, de dos a tres es mucho más que sumar. El primer hijo transforma y ya nada vuelve a ser lo que fue. Cómo seguir siendo una pareja después de haber sido padres.

Los nueve meses de embarazo (o el tiempo que tarde en llagar a casa el niño) preparan para que el cambio no sea tan brusco. Durante ese tiempo ya son tres, ya se pasa de pareja a padres,  aunque todavía haya dos. Porque en está etapa ya están haciendo sitio. La pareja que pasará a convertirse en padres vive una etapa maravillosa en la que se prepara para un acontecimiento feliz, lleno de grandes momentos, de alegrías, emociones. Pero también de incertidumbres y preguntas.

¿Por qué nos cambia tanto la llegada de un hijo?

Todo ese tiempo libre que teníamos después del trabajo ahora será el tiempo más ocupado; las noches de juerga y los domingos entre sábanas se quedarán sólo en un recuerdo; y decirle a la pareja “Eres lo que más quiero en el mundo” no será completamente cierto, habría que agregar “Bueno, una delas cosas que más quiero”.

Cuando se pasa de pareja a padres, una de las claves será el reparto que a partir de este momento tendremos que hacer de nuestro tiempo, habrá que mantener tiempo para la familia (que se verá muy ampliado), tiempo para la pareja (que implicará un esfuerzo extra porque el cansancio nos hará perezosos), tiempo para cada uno y tiempo para los amigos. En la medida que respetemos esta partición aunque se vean afectadas, aumentamos la probabilidad de salir reforzados de la experiencia de ser padres.

También cambia lo que somos. Como si el centro de gravedad de nuestra vida se desplazara, gran parte de nuestras actividades, sentimientos y pensamientos girarán alrededor del hijo. Y cambiamos también a los ojos de nuestra pareja: la mujer/hombre de mi vida es la madre/padre  de mi hijo.

En este proceso de pasar de pareja a padres se trata de poder sumar. Hay que conciliar ambos roles, asumir el nuevo sin abandonar lo que ya somos. Maby, de 29 años, con su bebé de cuatro meses en brazos, dice: “Antes de tener a la niña no sabía cuánto más se puede amar a un hombre que se levanta por las noches a dormir a su hijo y que siempre está dispuesto a jugar con él. Creo que me enamoré más de mi marido cuando le vi ser papá”.

No hay reglas que aseguren el amor, pero sí algunas condiciones necesarias para adaptarse  cuando se pasa de pareja a padres

  • La clave está en compartir distribuirse en los cuidados del hijo. Ej: el que llega más tarde lo puede bañar, mientras el otro se toma un tiempo y retoma la cena del niño.
  • Además del bebé hay una relación de pareja que cuidar. Ej: elaboremos una agenda de actividades de pareja. algunos ejemplos de lo que puede contener son: salgamos, al menos un viernes al mes, marquemos una frecuencia de relaciones sexuales, utilicemos el final del día para charlar 10 minutos. Y sobre todo…no nos quedemos en buenas intenciones el cansancio no puede ser la razón por la que no cumplamos los compromisos adquiridos ¿o es que dejamos de ir a trabajar por pereza?.
  • Adaptarse sin obsesionarse con que salga todo bien a la primera. Ej: todos los niños lloran y no siempre sabemos lo que les pasa, es poco probable que disfrutes el primer baño de tu hijo.
  • Contar con el  otro y escucharle sus propuestas. Lo más probable es que nos sorprenda gratamente en sus planteamientos. No es mejor la opinión de mamá o de los vecinos o de los amigos. Escuchar al que vive la misma situación que tú y compartir tus inquietudes es el inicio de lo que marcará las decisiones sobre la educación de los hijos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  • Si abuelos, tíos y amigos se ponen a desfilar por la casa o abruman a los recientes padres con su experiencia en materia de bebés, será más difícil encontrar la intimidad y tranquilidad necesarias para que la pareja asuma la jefatura de su propia familia.
  • Ser capaces de frenar el agobio que pueden ocasionar los demás y sentir que son dos a decidir su forma de vida familiar consolida la relación de pareja. La privacidad del hogar es algo que deberán defender entre los dos. Sin ofender a nadie, y siendo especialmente cuidadosos con los abuelos, se pueden establecer horarios o días de visita y explicarles la importancia que tiene para los nueva familia poder organizarse los tres solos.
  • Un rato cada día. Compartir momentos cotidianos como irse a buscar al trabajo o almorzar juntos, aprovechar la visita de los abuelos para dejarles con el bebé, y salir a tomar un café o charlar un rato por las noches es lo que nos hace estar y sentirnos cerca del otro, saber de sus alegrías y penas y estar ahí, en dulce compañía.
  • En la intimidad. La sexualidad es uno de los pilares de la pareja, pero no siempre adoptará la misma forma. Habrá épocas en que apetecerá el sexo y otras en las que se prefiera acurrucarse al lado del otro en el sofá y relajarse al calor del cuerpo amado.
  • Hablar mucho. El intercambio de ideas, aunque sea en un tono subido, siempre es preferible al silencio. Los hijos dan mucho tema y conviene aprovecharlo. El historiador británico, Paul Johnson (1928), da la clave de sus cuarenta años de felicidad conyugal: “Un matrimonio feliz se construye sobre las ruinas arqueológicas de las riñas”.
  • Elogiarse. Sobre todo en los momentos complicados no hay que escatimar los piropos. Sin duda que hay un montón de cosas en cada uno que merecen el reconocimiento del otro. Decirlas instala un clima de cordialidad y camaradería que ayuda a encarar los desacuerdos.
  • Contar con el otro. Sentir que somos dos a enfrentar y resolver los problemas. Aun cuando se trate de cosas personales como “me siento agotada” o “tengo problemas con el jefe”.

     

 El desafío para los dos consiste en prodigarse como padres y pareja sin  desatender los tiempos individuales de cada uno.

Cuando los tiempos se desatienden pasan factura a la relación. Os dejo un ejemplo:

“Nunca me consideré una mujer de ésas que antes que nada son madres, la relación con mi pareja era lo más importante y convertirnos en padres era un paso más en el amor. Sin embargo, cuando nació Iñaki todo cambió y nos dimos cuenta cuando ya estábamos muy distanciados”, cuenta Leyre mientras mira cómo su hijo de casi dos años juega en el arenero.

Leyre continuó haciendo alusión a: el cansancio que sufren los dos, por las horas sin dormir, el juego y la atención que demanda el niño.

Cuando a Leyre le preguntamos qué podría cambiar esta situación. Nuestra protagonista  habló de la necesidad de hacer esfuerzos de preparar su cena preferida, aunque lo que te pida el cuerpo sea irte a la cama o convocar una reunión de amigos, aunque estés bostezando o muerta por la mañana. También describió las ganas de buscar nuevos planes donde se incluyera a los tres. Quedar con amigos que también tienen hijos e ir al parque donde mientras se entretienen podamos tomarnos el aperitivo etc…

Con la ayuda de un profesional la pareja de Leyre recuperó la complicidad y las ganas de seguir juntos. Pero si estamos advertidos sobre los retos a enfrentar, será más fácil percibir rápidamente la distancia en la pareja y no dejar que se alargue.

De los cuidados que se prodiguen depende gran parte del bienestar emocional de la pareja. Las caricias, abrazos, piropos, las manifestaciones del deseo. Permite pasar de padres a pareja sin hacer estos conceptos incompatibles.

Un saludo